Se han acabado las vacaciones. Vuelves a la normalidad, a la rutina, empieza de nuevo el trabajo, y los niños vuelven al colegio.

Has pasado con tu familia un montón de horas (¿quizás 24 horas al día?). Y con tu pareja, más (por aquello de la mala costumbre de dormir juntos).

¿Has podido recuperar tu relación de pareja, que venía haciendo aguas? ¿Has intentado salvarla, habéis recuperado el amor perdido? ¿O ha empeorado ya del todo? 

Si estás en esta situación, tienes muchos números para estar encarando un divorcio tras las vacaciones de verano. Como muchas otras parejas.

Leyenda y estadísticas

Cada año, a principios de septiembre, salen noticias acerca del supuesto aumento de divorcios en septiembre. ¿Es cierto, aumentan los divorcios después del verano? ¿O es un mito? ¿Qué dicen las estadísticas? ¿Qué dicen los abogados?

Es un hecho: después del verano, se producen muchas rupturas de parejas que acaban en divorcio o separación. Pero según se desprende de este artículo, con estadísticas del INE, esto no se traduce en más demandas de divorcio. Los meses con más índices de divorcio son julio, octubre, noviembre y marzo, por este orden. ¿Entonces septiembre no es el mes con más divorcios?

La respuesta no es sencilla: sí, y no. Si, en cuanto es el mes con más decisiones de separarse. Y no, es un mes con menos presentaciones de demandas, que es a lo que se refiere los datos.

Los motivos son varios y bien sencillos de explicar.

  1. Aunque exista el divorcio exprés, que es rápido, uno no llega de vacaciones y presenta la demanda de inmediato, puesto que lo primero es intentar negociar todos los términos del convenio, para poder llegar a un mutuo acuerdo, y las negociaciones pueden ser largas.
  2. Porque en vacaciones hay muchos gastos, y ya sabemos que la economía de quien se va a divorciar, quedará maltrecha por el proceso.
  3. Tampoco olvidemos que es un mes en que los niños empiezan el colegio, por lo tanto, es un mes de muchos gastos y un mes en el que la rutina escolar todavía debe establecerse.
  4. Muchas parejas que se han dado la oportunidad en verano, vuelven contentos de cómo ha ido y de la “falsa felicidad” que han vivido. Muchos de ellos, a la que se restauren las rutinas, volverán a tener una crisis de pareja.

Sin embargo, los abogados podemos asegurar que septiembre, junto con octubre y noviembre, son los meses en que se producen más rupturas. En septiembre empezamos a recibir llamadas y visitas; a dialogar con el cliente y con la parte contraria, a establecer las bases de los pactos del divorcio, que en los meses posteriores quedarán plasmados en una demanda de divorcio.

Causas

Hay varias causas para que haya más divorcios después de las vacaciones, pero quiero destacar dos casos concretos, muy habituales.

El primer caso, y el más frecuente, es que las parejas se ven poco pero se van soportando. En verano, compartir las 24 horas del día, y tener que decidir conjuntamente el cómo, dónde y cuándo realizar las vacaciones, hacen que la convivencia de muchas parejas se vuelva insoportable. El hecho de tener hijos sólo aumenta el problema, puesto que cuanto más pequeños, más dependientes son, y lo que deberían ser unas deliciosas vacaciones familiares, acaban convirtiéndose, en un infierno de gritos y más gritos (los de los niños y los de los padres), y en una fuente de conflicto.

El segundo caso, también frecuente, es el de parejas que ya van mal, pero que, al salir de la rutina en verano, logran disfrutar de verdad de las vacaciones familiares. Es el caso contrario al anterior. Las vacaciones son un paraíso, todos están contentos y relajados, sin el estrés del trabajo diario, y logran tener una convivencia vacacional de lo más placentera. Pero luego, cuando vuelven a la realidad, a la rutina, se dan cuenta que sólo ha sido una tregua, en el conflicto, y éste vuelve a aparecer. Este caso es frecuente en aquellas parejas que temen a separarse por los hijos.

¿Divorcios en verano o después de vacaciones?

Como decía, después de las vacaciones de verano hay más rupturas de pareja, porque habitualmente son más largas que otros periodos de vacaciones.

Pero si nos fijamos en las estadísticas el mes de julio es un mes con muchas presentaciones de demandas de divorcios. ¿Por qué?

Muchos de ellos vienen de decisiones tomadas en otros periodos vacacionales, como son las Navidades y la Semana Santa.

  1. Las Navidades son un gran periodo de conflictos: las reuniones con familiares, el aumento de los gastos, el “tener que“ parecer estar feliz en esta época del año – no hacen más que aumentar los conflictos. Pero la cuesta de enero, es la cuesta de enero, y la de febrero igual. Y nos encontramos de nuevo en Semana Santa. Es normal que la decisión de divorciarse se posponga, y las negociaciones también, para tenerlo todo listo de cara a las siguientes vacaciones de verano.
  2. Semana Santa podría parecer una época menos conflictiva, pero no lo es. Las parejas llegan de un invierno largo y frío, y vuelve el buen tiempo, y con él, aquello de “la primavera, la sangre altera”. El hecho de que las vacaciones de verano estén a la vuelta de la esquina, no hace más que animar a tener todo solucionado para verano, y como mucho para después de que éste acabe.

Conclusiones

A pesar de que las estadísticas, puedan parecer decir lo contrario, los abogados no podemos decir más que es cierto que después del verano empiezan los divorcios. 

Pero yo, a título particular, quería hacer una reflexión. Si una pareja va mal, y no se puede salvar, cualquier momento es bueno para tomar la decisión y llevarla a la práctica. El querer posponer la agonía, no es más que un tiempo perdido, y la verdad….no estamos para perder el tiempo, si no para disfrutarlo.

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