Hace unos días hablaba con una buena amiga a quien no veía desde hacía mucho. Como sabe que estoy colaborando en el Club, uno de los temas de conversación fue, precisamente, la salud de su relación

Merche (es un nombre falso para preservar su intimidad, realmente se llama Raquel) es una mujer vital, valiente, que normalmente sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Pero está hecha un mar de dudas sobre el futuro de su matrimonio.

No sabe si tirar la toalla, aceptar que se ha terminado, y divorciarse. Si luchar por recuperarlo. O esperar y dejar que se resuelva solo. O echarse un amante y disfrutar la vida por su cuenta…

Porque estas son las opciones básicas cuando tu relación, esa que debería durar toda la vida, empieza a resquebrajarse:

  • Terminarla y divorciarte
  • Intentar salvarla
  • Dejar que el problema se resuelva solo (spoiler: eso no va a pasar)
  • Dejarla por imposible e intentar ser feliz por otro lado

Las dudas son grandes, cualquier alternativa es difícil y llena de riesgos, no hay opciones seguras, seguramente te falta mucha información para poder decidir… Y mientras, la angustia de estar viviendo una vida desgraciada, estar perdiendo el tiempo, se te lleva la salud y la felicidad.

No se puede vivir así, algo hay que hacer.

No tengo la respuesta adecuada – seguramente no existe una respuesta adecuada. Pero desde mi modesta experiencia como divorciado y tras hablar con bastantes personas, tengo claras unas cuantas cosas. Espero que te ayuden, como mínimo a clarificar tu situación. Tanto da si eres hombre o mujer, las dudas son las mismas, igual que los argumentos.

No voy a entrar aquí en detalles como el proceso de divorcio, cómo quedará tu economía, o qué pasa con los niños… Todo eso ya está explicado en otros artículos. Igual que lo que debes hacer en cuanto has tomado tu decisión. Lo que interesa ahora es que seas capaz de decidir qué hacer con tu vida. Sin miedos, dependencias ni falsas ilusiones.

14 argumentos para decidir ahora si debes divorciarte o no

1. Todos tenemos el derecho a intentar ser felices

Es algo que emana de nuestra doble condición de persona y ser humano: nos mueve la voluntad, la necesidad de ser felices. Qué significa eso exactamente, depende de cada persona. Pero el impulso es universal e innegable.

Tú tienes derecho a buscar tu felicidad. Y nadie puede quitarte ese derecho.

Que la encuentres, y que dure, en parte es cuestión de suerte. Pero puedes tener claras dos cosas: 

  1. La felicidad no aparece sola, tienes que buscarla y hacerla posible
  2. Nadie la buscará por ti

2. La responsabilidad es tuya

Tú eres responsable de tu vida. Te pueden pasar cosas buenas o malas, puedes tener buena o mala suerte. Pero si no buscas las cosas buenas, es muy difícil que te pasen.

Debes tomar el control de tu vida. Decidir qué es lo que quieres, y hacer lo que sea necesario para conseguirlo.

No estoy hablando de grandes proezas, como ser astronauta o escalar el Everest (o quizás sí, tú decides tus objetivos). Estoy hablando de cosas sencillas como poder trabajar dignamente, no tolerar que alguien abuse de ti, saber pedir lo que necesitas, poder decir que no…

Hay dos opciones: o tienes el control de tu vida, o lo tiene otra persona. Y eso es una p*** mierda.

3. El mejor momento es ahora

Cuando debes tomar una decisión importante, siempre parece que no es el mejor momento. Un poco más adelante estarás más libre, sabrás más, te habrás preparado mejor… Es muy fácil dejarlo para mañana, o para la semana que viene.

El problema es que mañana, o la semana que viene, estarás exactamente igual. Y lo dejarás otra vez para mañana, o la semana que viene.

Y al cabo de 10 años te darás cuenta de que nunca hay un buen momento. Nunca es un momento mejor. Sólo has estado retrasando una decisión difícil. 

Y habrás perdido 10 años de tu vida.

Créeme en esto: nunca hay un momento mejor que este para tomar el control de tu vida.

Ahora.

Este es el momento. No habrá otro mejor.

4. No hay decisiones correctas ni incorrectas

La decisión es tuya. Más adelante podrás ver si ha sido la más adecuada, o si ha funcionado como esperabas, si ha valido la pena. Pero ahora, cuando debes decidir, no existe una opción correcta o incorrecta. Existe tu decisión, nada más.

Nadie puede decirte lo que debes hacer. Puedes dejarte aconsejar, escuchar, compartir… Al fin y al cabo son las personas que te quieren y que quieren verte feliz.

Pero la decisión es tuya, de nadie más. Y puedes decidir libremente, no tienes opciones prohibidas. 

No dejes que te quiten opciones.

Y no tengas miedo a tomar tu decisión, ni a mantenerla después. Es tu vida, los demás ya tienen la suya.

5. Cuando decides, te liberas

O dicho al revés: mientras no decides, dependes de lo que te pasa, de lo que otros deciden por ti. Es un tiempo muerto, un lapso en el que no pasa nada realmente, simplemente va pasando el tiempo. Las estaciones van pasando, los árboles nacen, crecen y se secan, las cuotas del piso van cayendo…

Un día, luego otro, y otro, y otro…

Mientras no decides, nada cambia. Nada va a cambiar por sí solo, para que puedas ser feliz sin tener que decidir. Los milagros no existen – o siempre les pasan a otros. Es como esperar que te toque la lotería, sin comprar un boleto. No va a pasar.

Pero, en el momento en que tomas una decisión, cuando tomas el control de tu vida, el contador se pone a cero. Empiezan a cambiar cosas. Tienes un propósito. Una estrategia. haces cosas.

Cuando decides, tu futuro depende de ti. Ya no dependes de las decisiones de los demás.

Es algo que asusta. Pero también es algo grande.

Lo mejor es que te liberas de esa vida prestada, de ese pasar un día, y el siguiente, y el otro, esperando que pase algo pero sin que cambie nunca nada. Empiezan a cambiar las cosas, te pueden pasar cosas buenas. Tienes esperanza.

Hablando de separación, es algo que he visto muchas veces: mientras no se afronta el problema, la situación va languideciendo, empeorando lentamente. Pero en el momento en que alguien toma una decisión – sea la que sea – las cosas empiezan a cambiar.

6. Nadie se arrepiente de haber tomado una decisión

Nunca lo he visto. Nadie se arrepiente de haber tomado su decisión. El arrepentimiento, los reproches, vienen de reaccionar de forma precipitada, por despecho, sin sentido, sin pensar. O de dejar pasar el tiempo sin hacer nada. Pero no de tomar una decisión meditada. Todo el mundo se felicita de haber sido capaz, de haber tenido la valentía, finalmente, de tomar su decisión.

Sea la que sea esa decisión, da igual. Lo importante es hacer algo, tomar el control, volver a poner en marcha el cronómetro, y hacer que empiecen a pasar cosas. Eso te cambia la vida.

7. Olvídate, tu pareja no va a cambiar

Sería todo tan fácil si pudiera cambiar esos detalles… Cerrar la tapa del váter, no dejar el baño hecho un cisco, que te escuche un poquito más, no estar tan irritable…

Olvídate. Las personas no cambian. Tu pareja no va a cambiar. Y menos porque tú lo esperes.

¿Cómo podría? Primero, si no le dices lo que te molesta, no lo va a ver por inspiración divina. No se va a dar cuenta de lo que te molesta. Eso no pasa.

Segundo, las personas estamos hechas de hábitos. Y cuesta mucho cambiar los hábitos. Y aún cuesta más cambiar actitudes y maneras de ser.

Para cambiar un hábito, que es lo más fácil, tu pareja tiene que:

  1. Saber que quieres que cambie ese hábito.
  2. Reconocer que debería cambiarlo – estar de acuerdo.
  3. Querer hacerlo.
  4. Poner la atención y el esfuerzo necesarios.
  5. Perseverar.
  6. Perseverar aún más.

Es muy difícil hacer algo así. Se puede, con mucha voluntad, atención, apoyo y paciencia. Pero es difícil, y no se pueden hacer muchos cambios a la vez.

En la práctica, olvídate, no va a cambiar. No lo suficiente. Y no sin mucho esfuerzo por parte de ambos.

Si no puedes vivir con eso… O te aguantas, o no te aguantas. Tú decides.

8. Si puedes, lucha por tu relación

Si existe la posibilidad, si todavía queda algo, si no se han cruzado demasiadas líneas rojas, si los dos estáis dispuestos a intentarlo… Es mucho mejor recuperar una relación que empieza a ir mal que descartarla y buscar otra mejor.

Es más fácil, más rápido, incluso más barato.

Pero sólo si realmente queda algo que recuperar, y si lo que había vale la pena. Si la relación está tan podrida que no queda nada, no será posible. Es como una vela – si quieres que arda con una buena llama, debe quedar mecha; si ya se ha terminado, no hay manera de volverla a encender.

Y si lo que teníais no era bueno, ni siquiera al principio… ¿para qué lo vas a recuperar?

Pero no basta con decidir que quieres luchar por tu relación y no hacer nada más. No se va a arreglar porque sí, sólo porque tú quieras. Tienes que hacer cosas.

Si no haces nada diferente, ¿cómo esperas que pase algo diferente? Realmente habrás decidido dejar pasar el tiempo, no hacer nada, no mojarte, pero diciéndote que quieres luchar. Te estarás engañando.

Decidir implica hacer. Arriesgar. Y perseverar.

9. Si vas a luchar, tenéis que ser los dos

Olvídate de conseguir un cambio si sólo te vas a esforzar tú. ¿Verdad que si las cosas no van bien no es sólo por tu culpa? Pues no depende sólo de ti que se arreglen.

Una relación es cosa de dos. O consigues que tu pareja se moje, se esfuerce, o no vas a conseguir nada, sólo perder más tiempo.

10. Hay relaciones que son irrecuperables

Hay cosas, hechos, actitudes, que se pueden olvidar, y hay otros que no. Para mí hay líneas rojas clarísimas que no se deben cruzar, y si se cruzan, son razón suficiente para terminar una relación inmediatamente.

No dejes que el miedo, la costumbre, o el qué dirán, te haga aceptar cosas que no son aceptables. Tienes una dignidad, no dejes que te la quiten.

11. El tiempo por sí solo no arregla nada

Lo único que pasa si dejas pasar el tiempo esperando que los problemas se resuelvan solos, es que empeoran. Rápida o lentamente, los problemas siempre empeoran, hasta que llegan al límite y dejan de ser un problema, simplemente porque dejan de tener sentido. Ya se ha perdido cualquier valor que pudiera quedar.

Para lo único que puede ayudar dejar pasar el tiempo, es para ver clara tu decisión. Dejarla madurar, después de pensar en las opciones. Realmente significa seguir pensando en el problema, de manera inconsciente.

Pero no sirve si dejarlo madurar sólo es una excusa para no decidir.

12. Es preferible decidir a dejar que decidan por ti

¿Sabes qué pasa cuando decides separarte? Que llevas tiempo pensándolo. Tienes que ver el problema, pensar en ello, en las opciones, valorar, priorizar… Pero si tomas tú la decisión, para cuando la comunicas y la ejecutas, ya has pasado tu duelo.

La separación es una pérdida importante, y hay que pasar el proceso de duelo completo, como con cualquier pérdida. Hay que pasar por todas las fases de negación, ira, depresión, aceptación… Eso lleva su tiempo.

En cambio, probablemente tu pareja no ha hecho este proceso. Se encuentra de golpe con una decisión firme, o con la necesidad de tomar una decisión inmediata. No tiene tiempo de prepararse, de hacerse a la idea, aún menos de pasar el duelo. Tiene que hacerlo después, a la fuerza, cuando tú ya lo has superado (o al menos lo tienes más avanzado).

Es más fácil superar la separación cuando tú marcas el tempo.

¿Quiere decir esto que te recomiendo que rompas tú antes de que te rompan? ¡Nooooo! Lo que te recomiendo encarecidamente, es que tomes tu decisión, sin depender de nadie más. Que no dejes pasar el tiempo a ver si se arregla por casualidad. Que seas valiente y no esperes a que los demás decidan por ti.

Si es posible, si todavía tienes confianza con tu pareja, háblalo, que sepa lo que te pasa por la cabeza. Facilitará que toméis una decisión conjunta y que lo superéis con más facilidad. Pero si no tienes esa confianza, que no sea una excusa para no decidir.

Y no, no vale cruzar las líneas rojas a propósito para forzar que sea tu pareja quien tome la decisión. Hacerte insoportable, estar siempre de mal humor, crear problemas a propósito… Es feo, cobarde, hace sufrir innecesariamente a las personas, y además está mal. Y vuelves a depender de que otra persona tome tus decisiones por ti.

13. Decidir ahora no significa romperlo todo ya

La separación, o la reparación de tu relación, no es inmediata, es un proceso largo en el que hay que tomar muchas decisiones y realizar muchas acciones. Hay una fase de preparación, investigación, planificación… Pasan muchas cosas antes de que tengas que comunicar tu decisión y que sea irreversible. 

Es decir: infórmate, medita, decide, planifica, y al final haz lo que tengas que hacer. No te asustes por lo que viene: no viene todo de golpe, tienes tiempo para prepararte. Y normalmente es para mejorar.

14. Decidir es bueno para todos

Si la relación no es buena, no lo es para ninguna de las personas afectadas: tú, tu pareja, vuestros hijos, las familias…

Todos van a agradecer mejorar una relación que se estaba estropeando, o terminarla cuando ya es irrecuperable. Para los niños especialmente, es más importante estar en un hogar tranquilo que en uno donde estén los dos padres, pero con gritos y peleas constantes.

Como te decía, infórmate y medita. Pero no uses a los niños como excusa para no hacer nada. Ellos estarán mejor si haces lo que debes hacer.

¿Y al final, qué ha decidido Merche?

Lo está intentando. Ha hablado con su pareja, han puesto sus problemas sobre la mesa, y han empezado a ir a terapia de pareja. Saben cuáles son sus opciones – o lo arreglan, o se separan.

Lo importante es que lo han hablado, lo están intentando los dos, abiertamente, sin exigencias ni reproches. Y saben que, pase lo que pase, el futuro es suyo y tendrán una oportunidad de ser felices. Tanto si están juntos como si no.

Tu caso seguramente es distinto. Puedes inspirarte con las historias de otros, dejar que te aconsejen, leer, investigar. Al final, tu caso es el tuyo, no hay otro igual, y es tu decisión. Espero que estas notas te ayuden a aclararte y a quitarte miedos de encima.

Recuerda, no lo dejes correr. El momento de empezar a mejorar tu vida es ahora.

2 thoughts on “Divorcio: cómo decidirte de una p*** vez”

  1. Os cuento mi experiencia. Me casé después de 5 años de vivir juntos con mi (ahora) ex. En ese momento ya no estábamos bien, pero era impensable cualquier otra opción, simplemente éramos pareja y lo que teníamos era lo normal.
    Con el tiempo la situación se fue deteriorando, cada vez discutíamos más. En cuanto a sexo, ni por casualidad.
    Me di cuenta de que, aunque la convivencia seguía siendo tolerable, ya no había momentos buenos, como mucho podía aspirar a tener un día mediocre. Y muchos eran directamente malos.
    También me di cuenta de que ya no me alegraba cuando ella llegaba a casa. Me era indiferente, e incluso a veces esperaba que tardara más y me dejara en paz.
    Lo malo es que no pensé que esto eran signos importantes, y estuve dándole vueltas durante varios años. Como no había ninguna crisis importante, no había ninguna razón urgente para decidir nada. El trabajo, los niños… Todo era más prioritario.
    Al final me decidí, le dije que me quería divorciar. Para ella fue una sorpresa, aunque veía exactamente lo mismo que yo. La situación era estable, habríamos podido seguir perfectamente en esa mediocridad, en esa indiferencia hasta el final.
    Una vez tomada la decisión, tardamos unos meses en realizar la propia separación. Durante este tiempo fue todo muy raro, estar pero no estar, irse pero todavía no.
    Una vez separados y cada uno por su cuenta, en cuanto estuve más tranquilo, empecé a salir, a conocer gente, a practicar aficiones nuevas. Busqué el tiempo para probar cosas nuevas. Gané en confianza, cambié de vestuario. Me apunté a un taller de seducción (muy divertido, recomendado al 100% 🙂
    Ahora tengo otra pareja. Hace muchos meses que no discuto con nadie por nada importante. Salgo, tengo amigos, actividades. Ahora estoy vivo, en comparación con la muerte en vida de antes.
    No me arrepiento para nada de haberme separado. Lo único, quizás, es haber tardado tanto en decidirme, incluso en planteármelo. Podría haber disfrutado de 5 o 10 años más (aunque os aseguro que me estoy tomando la revancha).
    En fin. Ánimos a todos los que dudan, vale la pena dar el salto y echarse a la piscina (eso sí, mira antes que haya agua dentro :-D)
    Ricardo

    1. Ricardo, me alegro muchísimo de que te haya ido bien. Y te agradezco que lo hayas compartido, es importante que las personas que están dudando vean que es bueno decidirse de una vez y empezar a vivir de nuevo.

      ¡No dejes de disfrutar de la vida!

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