Coincidirás conmigo en que una discusión puede ser una mierda. Especialmente si estás discutiendo con tu pareja, y más especialmente si no os ponéis de acuerdo.

No es solo el mal rollo de la discusión, es que además te amarga el día, la semana entera. Una discusión puede alterar tu estado de ánimo durante mucho tiempo.

Y todo, para no llegar a ninguna parte. Siempre lo mismo: los mismos argumentos, las mismas quejas, las mismas decisiones que no sirven para nada… Una discusión no resuelve nada, pero resulta imposible no entrar al trapo.

El caso es que las discusiones no tienen por qué ser negativas. El debate, la confrontación, es la fuente del progreso. Y dentro de una relación de pareja, permite conocer mejor a tu pareja, y que la relación pueda evolucionar. La discusión puede tener muchos beneficios para el bienestar de ambos y para el futuro en común.

Al fin y al cabo, una discusión es una forma de comunicación. Y sin comunicación no hay mejora posible. Todos somos humanos, necesitamos comunicarnos. Y, en un momento u otro, sabemos que habrá un desacuerdo. Es inevitable. Y es bueno que esos desacuerdos salgan a la luz y se discutan.

Lo que no es bueno es que se conviertan en una discusión agria, a gritos, con vencedores y vencidos – o sólo con perdedores. Es algo muy negativo, perjudicial para todos, y que puede llevar a la destrucción de la pareja (al divorcio). De hecho es uno de los factores principales para saber que tu relación se ha acabado.

La clave no está en no discutir, sino en fijarte en cómo discutes.

Cómo no llevar la discusión

Cuando entramos en una discusión agria, podemos estar seguros de 3 cosas:

  1. Es desagradable para todos, a nadie le gusta discutir por discutir (aunque a veces lo pueda parecer).
  2. Cada uno cree tener razón, honestamente.
  3. Todos preferiríamos llegar a un acuerdo razonable.

Si todos somos honestos y preferimos llegar a un acuerdo, ¿por qué no somos capaces de hacerlo? Muchas veces, porque no sabemos discutir, porque nos enredamos en actitudes que nos parecen las adecuadas en ese momento, pero que son profundamente perjudiciales. Vamos a verlas.

Te aseguro quer, si evitáis estas actitudes, vuestras discusiones mejorarán mucho en calidad. Y lo mejor es que no hace falta que lo hagáis los dos: sólo con que lo hagas tú verás que hay una mejora muy importante.

Eso sí, si lo que quieres es sacar de quicio al otro y reventar cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo, esto es exactamente lo que debes hacer.

Toma nota.

1. Insultar y menospreciar

En una discusión nos podemos sentir tentados de insultar, calificar al otro o a sus argumentos de manera despectiva: eres idiota, vaya tontería… Nos sirve para expresar enfado, irritación, y para intentar apabullar al otro.

El caso es que no ayuda, para nada, a llegar a una resolución. Automáticamnte pone a la otra parte en una posición defensiva. Es fácil que responda con la misma moneda, y lo más probable es que todo termine con muy mal rollo.

2. Levantar la voz

Levantamos la voz por varios motivos: para llamar la atención («no me escuchas»), y porque quizás gritando más nos entenderá mejor («es increíble que no lo entiendas»).

Es falso: si no te hace caso no es porque no te oiga, y no te entenderá mejor porque se lo digas más alto. Si tu pareja no te entiende, no es porque sea tonta – hablar más fuerte (o despacio) no hará que lo entienda mejor.

El efecto que tiene levantar la voz es que tu pareja se ponga a la defensiva (porque es un comportamiento agresivo), se sienta agredida e invadida, y quizás responda gritando también.

Ponte en su situación: se plantea un tema, respondes lo que piensas, y te encuentras con una respuesta a gritos, enfadada y agresiva. ¿Cómo te vas a sentir?

3. No aceptar que puedes estar equivocado

Una discusión debería ser la forma de llegar a un entendimiento, no de imponer tu pensamiento. Si te clavas en que tú tienes razón y tu pareja está equivocada, serás insensible y arrogante. Será como hablar con una pared.

Además, ¿por qué vas a tener razón? ¿tienes la certeza absoluta, al 100%? ¿No hay matices? Y aunque realmente tengas razón, ¿el único objetivo es ganar la discusión?

En lugar de buscar imponer tu punto de vista, escucha el suyo. Intenta entender cómo ha llegado ahí, qué implica. A nivel emocional y práctico. Recuerda: tu pareja no es tonta, y cree honestamente en lo que dice.

Igual que tú.

Simplemente teniendo en cuenta lo que piensa, escuchando y entendiendo, estarás mucho más cerca de una resolución.

4. Asumir que sabes lo que piensa

¿Eres capaz de leer la mente? Entonces, no hagas como si lo fueras.

Muchas veces atribuimos al otro argumentos, creencias, convicciones, y no escuchamos lo que nos está diciendo – que puede ser muy distinto. Y aunque sí escuchemos, puede que no estemos entendiendo lo que nos dice.

¿Te ha pasado alguna vez que estás discutiendo acaloradamente, defendiendo tu posición a capa y espada, y al final resulta que los dos estabais diciendo lo mismo?

La próxima vez que discutas, prueba esto: para comprobar que estás entendiendo su punto de vista, di «si no lo entiendo mal, me estás diciendo que …». O «creo que no te estoy entendiendo, ¿dices que …?»

Puede que estés rebatiendo algo que tu pareja no ha dicho – una razón muy tonta para discutir (pero muy habitual).

5. Pensar en tu próxima respuesta, en lugar de escuchar

A ver si te ha pasado esto: estás en una discusión, tu pareja te está explicando algo, pero tú, en tu mente, estás preparando lo que dirás a continuación. Y te das cuenta de que no has oído lo que te estaba diciendo.

En este momento ya no tienes una conversación, estás defendiendo tu posición.

Sé que es difícil dejar de lado tus emociones, y en una discusión están a flor de piel. Pero esto es importante: cuando veas que estás argumentando mentalmente en lugar de escuchando, para y escucha atentamente, intencionalmente. Te ayudará a entender su postura, mostrarás respeto (algo que siempre se aprecia), y sabrás mejor de qué estáis hablando.

6. Enfocarte en ganar la discusión

Vale, ganar una discusión, machacar al contrario, es genial… pero no es el objetivo. Tu propósito debería ser entender a tu pareja, y llegar a una conclusión que sea buena para ambos, y mejor que la situación anterior. Si ganas la discusión pero pierdes en tu relación, ¿qué has ganado realmente?

Si te enfocas demasiado en ganar la discusión, entrarás en los comportamientos agresivos y dominantes que hemos visto, le harás daño, y no verás lo que te intenta decir.

En lugar de esto, intenta reorganizar tus pensamientos y tu estrategia. No se trata de ganar, sino de compartir, colaborar, y concluir. Trabajar con tu pareja hasta que os podáis entender realmente.

Conclusión

Las discusiones pueden ser una manera saludable de resolver conflictos y encontrar soluciones imaginativas. Pero sólo si se llevan de una manera amigable y constructiva. Si vais a ganar, a machacar, a mantener el propio ego, entonces son una fuente de sufrimiento para todos.

Xavier

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