Esta es la experiencia de un hombre cuya mujer utilizó las leyes para beneficio propio. Por desgracia, usar el tema de los malos tratos, cuando no existen, para conseguir una posición mejor a efectos de custodia en caso de divorcio, es un tema recurrente. Estas mujeres (muchas veces aconsejadas por sus propios abogados) no se dan cuentan que están perjudicando a las mujeres que sí los sufren de verdad. Un tema delicado. Por suerte, los Juzgados ya están al caso de estas situaciones, y miran con lupa cada caso que se les presenta.

Gracias por haber compartido esta historia con nosotros.

Sé que mi historia es la de muchos, pero quiero dejar mi testimonio para que otros hombres (en este caso) que han pasado por lo mismo, puedan verse reflejados, y por aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos”. También espero que se vean retratadas ciertas mujeres. Y digo ciertas, porque por suerte no todas son iguales. Buenas y malas personas, las hay de todos los sexos y razas.

Me llamo José y tengo 56 años. Vivo en una gran ciudad de la Península, y hasta hace tres años era un hombre felizmente casado, o eso creía. Una buena casa, un buen trabajo, y la familia perfecta.

Me casé hace siete años con una chica mucho más joven que yo. Nos conocimos en un país de América, durante unas vacaciones mías, y después de que yo pasara por una separación complicada con mi pareja anterior (me dejó por otra chica). Así que estando con la moral muy baja, la conocí a ella, una diosa para mí. ¿Cómo podía fijarse en mí semejante mujer?

Lo cierto, es que las vacaciones se acabaron y seguimos en contacto por internet. Pero nuestra historia iba a más y después de un largo tiempo, y muchos viajes de aquí para allí, conseguí traérmela y casarme con ella.

Nuestra relación fue una luna de miel continua: cenas en los mejores restaurantes, fines de semana en la sierra, veranos al sol, y noches de auténtica pasión. A ella le monté un negocio que le iba muy bien, y yo por mi posición de directivo en una multinacional, contaba con un buen sueldo.

Yo no tenía intención de tener hijos. No los había querido, y ya era mayor para tenerlos. Pero al final me convenció, y cuál fue nuestra sorpresa cuando llegaron las gemelas, tan guapas como su madre, y que hicieron la delicia de todos.

Hará unos cuatro años, de golpe todo cambió. Ella no podía con las gemelas y el trabajo (y eso que contábamos con ayuda exterior para cuidar a las niñas y encargarse de la casa). Se volvió depresiva y huraña con todos. Se empezó a dejar, y al final tuvo que cerrar el negocio. Cayó en una depresión y nuestra relación hacía aguas… Fuimos a terapia de pareja, pero tampoco funcionó.

Un día, hizo las maletas, vació las cuentas, se llevó a las niñas y desapareció. Ese día y los que vinieron luego, son la peor pesadilla que he vivido en mi vida. Al día siguiente de su marcha, apareció la policía en mi casa, quien muy amablemente me llevó a comisaría, por un presunto delito de malos tratos contra la que era entonces mi mujer. Maltratos físicos y psicológicos, con informes médicos que avalaban que la depresión era por culpa de cómo la trataba y unos golpes en la cara. Me quedé estupefacto. No entendía nada. Yo jamás toqué a esa mujer, ni tampoco la maltraté psicológicamente.

Pasé la noche en la comisaría, y al día siguiente entré en el juzgado esposado, como un delincuente cualquiera. Aquella noche, en los calabozos, viví una pesadilla que me costó tiempo superar. Salí del juzgado con una orden de alejamiento y otras medidas cautelares. 

El calvario que viví durante todo el proceso de divorcio, no lo quiero recordar. Cada vez que iba al juzgado, me sentía como un extraño al que le hubieran suplantado la vida. Horas y horas con mis abogados, a los que agradezco desde aquí, todo el soporte que me dieron, y su gran trabajo. Horas pensando y diciéndome cómo me podía haber pasado aquello. Horas de psicólogos, porque no me veía capaz de superar ese bache. Horas de lágrimas y desesperación, sin poder ver a mis hijas… Los meses que no pude verlas, los he perdido y ya jamás los recuperaré.

Después de tres años, de un pleito tras otro, el Juzgado me absolvió de los malos tratos, pues quedó demostrado que todo eran mentiras para poder tener un divorcio más favorable y quedarse con la custodia de las niñas. Conseguí un divorcio con custodia compartida, pero con gran coste económico y personal: una pensión alta para las niñas, otra para ella, perdí la casa…

En estos momentos me encuentro negociando con mi ex la custodia exclusiva para mí. Ella quiere volver a su país, y no quiere llevarse a las niñas. Me costará mucho dinero, pero lo pagaré. No hay dinero que pague el bienestar de mis hijas.

Ahora tengo pareja, una mujer también separada y con hijos mayores. No renuncié al amor. Y al fin lo he conseguido.

Gracias por dejarme este espacio donde poder explicar esta triste historia con final feliz, y gracias por tener una web de este tipo. 

Un comentario sobre “Un divorcio de pesadilla”

  1. Hay que ver, cómo está el patio…
    Lo peor (aparte de lo que sufre la víctima, claro) es que estos casos dan munición a los cafres que niegan que exista la violencia de género.
    Ánimo, José, que lo peor ya ha pasado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *