Con este post estrenamos una sección de testimonios. Se trata de que personas anónimas, lectores habituales de la web como tú y como yo, aporten sus experiencias en cuanto a su relación de pareja, con la intención de mostrar que puede haber muchos problemas, que nunca es fácil – pero que hay una salida, que tienes opciones, que hay ayuda si la necesitas, y que siempre es para mejorar.

Este se originó con un comentario que Ricardo puso ayer en el artículo sobre razones para decidir ya si debes divorciarte. Me pareció genial, y le he pedido permiso para publicarlo como un artículo completo. Ha sido tan amable de acceder, de modo que aquí está 🙂

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Os cuento mi experiencia. Me casé después de 5 años de vivir juntos con mi (ahora) ex. En ese momento ya no estábamos bien, pero era impensable cualquier otra opción, simplemente éramos pareja y lo que teníamos era lo normal.

Con el tiempo la situación se fue deteriorando, cada vez discutíamos más. En cuanto a sexo, ni por casualidad.

Me di cuenta de que, aunque la convivencia seguía siendo tolerable, ya no había momentos buenos, como mucho podía aspirar a tener un día mediocre. Y muchos eran directamente malos.

También me di cuenta de que ya no me alegraba cuando ella llegaba a casa. Me era indiferente, e incluso a veces esperaba que tardara más y me dejara en paz.

Lo malo es que no pensé que esto eran signos importantes, y estuve dándole vueltas durante varios años. Como no había ninguna crisis importante, no había ninguna razón urgente para decidir nada. El trabajo, los niños… Todo era más prioritario.

Al final me decidí, le dije que me quería divorciar. Para ella fue una sorpresa, aunque veía exactamente lo mismo que yo. La situación era estable, habríamos podido seguir perfectamente en esa mediocridad, en esa indiferencia hasta el final.

Una vez tomada la decisión, tardamos unos meses en realizar la propia separación. Durante este tiempo fue todo muy raro, estar pero no estar, irse pero todavía no.

Una vez separados y cada uno por su cuenta, en cuanto estuve más tranquilo, empecé a salir, a conocer gente, a practicar aficiones nuevas. Busqué el tiempo para probar cosas nuevas. Gané en confianza, cambié de vestuario. Me apunté a un taller de seducción – muy divertido, recomendado al 100% 🙂

Ahora tengo otra pareja. Hace muchos meses que no discuto con nadie por nada importante. Salgo, tengo amigos, actividades. Ahora estoy vivo, en comparación con la muerte en vida de antes.

No me arrepiento para nada de haberme separado. Lo único, quizás, es haber tardado tanto en decidirme, incluso en planteármelo. Podría haber disfrutado de 5 o 10 años más (aunque os aseguro que me estoy tomando la revancha).

En fin. Ánimos a todos los que dudan, vale la pena dar el salto y echarse a la piscina (eso sí, mira antes que haya agua dentro :-D)

Ricardo

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