(Relación de pareja) Dícese cuando dos personas se han enredado en un proceso romántico (o al menos emocional) de dependencia mutua. No hace falta que sea exclusivo, ni que dure mucho tiempo. Suele ser fuente de grandes alegrías al principio, y de dramas y conflictos al final.

Porque, desengañémonos, todas las relaciones tienen un final. Salvo que alguien se muera antes.

Resulta muy práctico aceptar desde el principio que en algún momento se va a terminar, no hacerse falsas ilusiones, y prepararse para pasarlo del modo más suave posible.

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