En un proceso de divorcio, situación en la que las partes de ponen de acuerdo en la manera de romper la relación, sin que tenga que decidir un juez. Es más fácil, rápido, económico, y mucho menos desagradable que ir a juicio. Se suele traducir (o debería) en un documento legal más o menos complejo.

No significa que se deba aceptar cualquier cosa, o que puedas hacerlo sin asesoramiento legal. Todo debería revisarlo un abogado, tanto los términos como la redacción, porque hay infinitas maneras de que una ex pareja avispada te la juegue. Y una vez firmado, te lo tienes que tragar. Y hay que ponerlo todo por escrito – la buena voluntad se la lleva el viento (como el amor que ya se ha ido mucho antes).

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