En un proceso de divorcio, dícese cuando las cosas van mal, las partes no se ponen de acuerdo, y prefieren gastar un montón de dinero, tiempo y mala leche en pelearse abiertamente y que un juez desconocido decida por ellos. Normalmente no hace falta que los dos quieran pelearse, con que uno se ponga borde, basta.

Salvo casos extremos (como situaciones de violencia o abusos, consumo de drogas, trastornos mentales…) siempre es mucho mejor hacer un esfuerzo e intentar llegar a un acuerdo. Es mucho más rápido, económico, y te ahorras muchas horas de enfado.

Aunque un contencioso te da muchos temas de conversación, eso sí hay que reconocerlo.

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